Analizar la temporada, sirve para entender el resultado de la política económica de Milei

Movimiento turístico para salir de la rutina, pero con bolsillos flacos que mantiene el consumo deprimido. Del «PPP» al «PPC».


Por Roberto Pico

¿Cómo fue la temporada?… Es el fiel reflejo del programa económico de Javier Milei. Movimiento de personas que buscan salir del atolladero diario, pero sin consumir. Si te gusta o no, es otra cosa.

Cristian Yoma, dueño de una distribuidora de artículos de perfumería con fuerte presencia en la costa atlántica y foco en Mar del Plata, lo resume así: “Todo lo que refiere a hoteles de cuatro o cinco estrellas y lo que sería la primera fila de playa anduvo muy bien. Y el resto apenas sobrevivió”.

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La evaluación surge de los pedidos de reposición en distintos puntos de la ciudad. Sus productos son esenciales, pero prescindibles cuando el bolsillo aprieta.

El mismo termómetro lo aporta Aldo Ferrer, propietario de una pizzería en Miramar. Arrancó diciembre con una promo de “grande de muzza más birra” a $30.000. No funcionó. Bajó a $25.000 y mejoró apenas. El punto de equilibrio apareció recién en $22.000.

Ese parece ser el techo del gasto. En los locales gastronómicos, las opciones que concentran mayor demanda se ubican entre $15.000 y $20.000 por persona.

La histórica regla costera de las “PPP” (playa, peatonal y pizza) mutó a “PPC: playa, peatonal y cocina”. Ir a la playa, caminar y volver a comer a casa se volvió la modalidad dominante. El “lujo” pasa por comprar algo en una rotisería accesible.

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Uno de los datos más preocupantes es el del teatro: se registran caídas superiores al 50%, aunque el sector evita difundir cifras definitivas para no profundizar el clima negativo.

La situación también se reflejó en los puestos ambulantes. En enero, el choclo o el pancho se vendían a $5.000 por unidad. La lógica era simple: que el chico pidiera y el adulto no pudiera negarse. Pero el mercado reaccionó. En las playas de Villa Gesell, antes de terminar la primera quincena de febrero, aparecieron nuevos carteles: $4.000 la unidad, dos por $7.000 y tres por $10.000.

En uno de los balnearios más emblemáticos del sur de la ciudad, la ocupación de carpas fue buena e incluso para Carnaval casi no quedaban espacios disponibles. Sin embargo, el consumo en el bar —con gastronomía de calidad— fue muy flojo, dejando balances similares o incluso peores que el verano 2025.

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El fin de semana largo concentró visitantes y dio imagen de movimiento, pero no se tradujo en mayor consumo. Tras los cuatro días, la caída fue abismal, un espejo de lo que ocurre el resto del año en cualquier ciudad.

La postal final es clara: sectores acomodados holgados y el resto sobreviviendo. Alta circulación, bajo gasto. Una temporada que expone, sin matices, el resultado económico del modelo actual.

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